Sintió profundamente los problemas de España y centró su
atención en Castilla: sus pueblos, sus hombres, su paisaje y su pasado
histórico y literario.
Su estilo es muy personal, llamando poderosamente la
atención su arte descriptivo. Es capaz de percibir los más mínimos e insólitos
detalles de la realidad. Se vale de una técnica impresionista muy cercana a la
utilizada por la pintura o por el cine, que consiste en seleccionar unos
cuantos detalles significativos de lo que quiere describir para darnos, a
través de ellos, la esencia íntima de la realidad descrita.
Su prosa, de estilo inconfundible, se caracteriza por una
elegante, primorosa y elaborada sencillez. La sintaxis es simple: frases
cortas, normalmente coordinadas o yuxtapuestas. El léxico, por el contrario,
tiene gran riqueza y precisión.
Novelas: La voluntad, Antonio Azorín, Las confesiones de
un pequeño filósofo.
Ensayos: Al margen de los clásicos, La ruta de Don
Quijote.
Libros de paisajes: Los pueblos, Castilla.
Teatro: Old Spain, Lo invisible.