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Campos de Castilla (Antonio Machado)
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A un olmo seco
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Al olmo
viejo hendido por el rayo
y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el Sol de mayo, algunas hojas verdes le han salido.
¡El
olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento le mancha la corteza blanquecina al tronco carcomido y polvoriento.
No
será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera, habitado de pardos ruiseñores.
Ejército
de hormigas en hilera
van trepando por él, y en sus entrañas urden sus telas grises las arañas. |
Antes
que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero te convierta en melena de campana, lanza de carro o yugo de carreta; antes que rojo, en el hogar, mañana, ardas de alguna mísera caseta, al borde de un camino; antes que te descuaje un torbellino y tronche el soplo de las sierras blancas; antes que el río hasta la mar te empuje por valles y barrancas, olmo, quiero anotar en mi cartera la gracia de tu rama verdecida. Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera. |
viernes, 28 de septiembre de 2012
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